lunes, 24 de octubre de 2016

Callar



Mi lengua arde de silencio. Físicamente, sin metáforas ni poesía, más que la que la psiquis sólo sabe crear.

Mi cuerpo tuvo la constancia que yo nunca aprehendí y supo decirme las cosas de siempre la misma manera. El silencio pesa en el estómago. El silencio pesa, invariablemente, en el estómago.

Mi boca se quema, mi intestino se enfurece y el ácido de las palabras tragadas me incinera de punta a punta, porque mi cuerpo sabe sacar eso que yo nunca aprendí. Yo me enseñé que la voz no es necesaria y que el decir está sobrevaluado. Estudié que lo callado no existe y pregoné sobre dejar fluir sin gritar. Me engañé a la perfección, pero mi garganta no sabe de teoría y el silencio es tangible al tragar.

Vomito.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Espejos rotos


Hay trabajos, ocupaciones, que dejan rastros sobre los que uno puede volver.
Un abogado, un médico, tienen su historial y su experiencia, las historias que marcaron sus vidas como la de aquellos otros involucrados. Pero aquel que escribe, por ejemplo, al volver sobre sus pasos no tiene sólo huellas, si no trozos de su propio ser, como los vestigios de un espejo roto donde se refleja no uno, si no partes de lo que se fué en el momento de pasar por allí.
Enfrentado a mis escritos y dibujos me encuentro de cara al joven que blandía el lápiz. Una persona que conocí, pero que no deja de ser ajena, cuyos decires resultan de a momentos familiares y en otros reveladores y desconcertantes. Me espanta encontrarme con un niño que tiene los mismos problemas que sigo teniendo tantos años después y me pierdo en fascinación ante una mente que es capaz de hacer asociaciones y de desarollar ideas que mi mente no puede imaginar. Me gusta ver su crecimiento, su continua evolución y el abandono y resolución de los problemas que alguna vez lo definieron. Me motiva ver que yo -él- siempre fuí capaz de escapar. De seguir. De comenzar de nuevo. De transformar. Me da esperanzas de que algún día un desconocido de rostro familiar encuentre los resabios de lo que soy y se sonría con orgullo ante lo que ya no es y ante todo lo que sigue manteniendo.

sábado, 1 de marzo de 2014

Silencio

 Los molinetes del subterráneo crujen, atareados, mientras subimos por las escaleras. Y emergemos a la superficie en fila, orgullosos de nuestras capacidades, ignorando que estamos a un niño y una lupa de distancia de ser hormigas. Y me pregunto si al final del día somos capaces de distinguir qué es un dulce y qué es veneno.
Camino acompañado de lo que fue mi vida este tiempo -siempre tuve esa debilidad, de encontrarme en quienes me rodean- y las risas me dan calor ante el inusual viento frío. Pero poco toma llegar a ese último abrazo, que puede no ser el último, pero sabe como si lo fuera. Y las risas continúan, pero se acallan a medida que la distancia las envuelve y yo me volteo para ver sus espaldas y esa vida que sigue sin mí ahora, ese camino que todos parecen acatar y al que yo me opongo, quedándome solo en dirección contraria. Y sigo camino y puedo ver que hacia adelante no hay nada, mas el viento chocando en mi cara, mientras las risas desaparecen, junto a todo lo que fue mi vida, a mis espaldas. Y ahora yo solo río y corro, resistiéndome al viento que empuja mi pecho y llena de lágrimas mis ojos, porque delante mío sólo hay vacío y eso significa que no hay obstáculos, solo un gran canvas en blanco que mi alma arde por llenar.

23/02/2014

23/02/2014

            Hay sabores que, por muy recurrentes sean en nuestras vidas, no dejan de ser recibidos con sorpresa o, más bien, con falta de costumbre.
            El aroma a aeropuerto me es familiar. Sus rutinas fluctuantes, entre caóticas y solitarias. La angustia, siempre presente, ante la idea de olvidar algo, de no llegar a tiempo, de tener un percance. El arrastrar vidas encajonadas en maletas. El interactuar con mil rostros y ni una persona. Y a veces -sólo a veces- un rostro con nombre. Y lágrimas.
            El desconcierto se vuelve moneda habitual. Y nosotros, los nerviosos, cargamos bombas en nuestros cuerpos. Espaldas que presionan, cuellos que apuñalan, estómagos que se encienden en llamas. Pero la repetición, cual lección de escuela, logra decantar todo y cada vez fluye con mayor facilidad, dejándonos con el placer de la tarea resuelta, cada vez con mayor eficacia y recompensándonos con el tiempo para oler un libro o cerrar los ojos con una melodía en los oídos.
            Pero la medicina amarga siempre será amarga.
            Hoy me costó irme. Y no fueron las lagrimas de madre, que se derraman con tanta –bien seleccionada- frecuencia; ni fueron los amigos, que he descuidado dejándolos atrás más de una vez, para luego comprobar que permanecerán a pesar de distancias y circunstancias. Fueron las lágrimas que no llegué a ver. Un llanto tan considerado, que no se permitió contagiarme, de alguien con tanta fuerza como para hacerme mirar atrás. Y lo hice. Y seguí camino.
            No voy a engañarme, para sentir pena de mí mismo. No es la primera vez que muestro ojos rojos, mientra trago sal en lágrimas. No es la primera vez que quise y luego perdí, ni que dejo perder. No es la primera vez que sé que pronto voy a estar mejor. Y lo estaré. Pero algunos –sólo algunos- merecen algo más que mis lágrimas víctimas de mis propios caprichos.
            Hay silencios que descosen cicatrices perpetuamente – y yo de silencios sé-. Pero a veces callar es todo lo que tenemos y en el silencio se dispersa el dolor y se diluye la vida y nos deja seguir, olvidar y creer en el olvido.


martes, 31 de diciembre de 2013

Registros

Una marca en mi rostro, que tiene pocos meses de vida menos que yo.
Una marca en mi estómago, de hace un par de días, con formas de dientes y de amor.
Mi hombro pelado, cual marca de juventud y despreocupación.
Una lesión en mi cerebro, que un día encontramos y nunca se me explicó.
El miedo. El miedo que siempre está y me hizo creer que era una marca permanente.
El silencio, roto por las líneas que dibujo sobre mi propio cuerpo.
Las miradas.
Los susurros que siempre arañan mi espalda.

Y mis ojos. Sobre todas las cosas, mis ojos, que en su fondo llevan la marca de cada lágrima y cada sonrisa.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Palabras sueltas

Todo lo relacionado al amor me deprime. Las historias tristes me ponen triste. Las felices, triste también. El amor solo se refleja en mi como una angustia.
El vacío que siento es el de una materia pendiente. El miedo a lo desconocido y el sufrimiento por lo no obtenido, enlazados en uno solo.





El rozar de las sábanas me ensordece.

Tan solo el diván me abraza.

El silencio de las paredes, diciéndome lo que podría ser dicho.

Manos extendidas ofrecen su ayuda, pero nunca toman la mía.


viernes, 11 de octubre de 2013

He amado.

He amado muchas veces. Cada vez, la única. Y hasta alguna he sido correspondido. He llorado más corazones rotos que muertes y he muerto un poco con cada llanto. He sufrido y aplaudido mi soledad, culpado a la suerte y a mí mismo, creído en el destino, en la casualidad y en la causalidad. He roto corazones y no siempre me he sentido culpable. He tenido sexo y fantaseado con abrazos. Me he enamorado de las personas equivocadas y he confundido amor por amor. Me he vuelto insensible y sensibilizado de nuevo, tantas veces que ya no sé sentir. Me he hecho ilusiones y he querido no creer en el amor. He desistido y me he rendido. He caído de nuevo. He recordado lo que es sentir y me he embriagado. He vuelto, desgastado, pero dispuesto a llorar hasta ahogar mil corazones más.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Alma.

Hoy me dijeron que tengo alma.

Mis padres cuentan que, cuando era muy pequeño, la empleada doméstica que trabajaba en mi casa en ese momento se espantó al enterarse que, mi hermano y yo, no estamos bautizados. "Son como animalitos" exclamó horrorizada. No tenemos alma.
Hoy me hablaron de un brillo. Al final de un seminario, un taller de un mes, se nos dio una devolución por nuestro trabajo. Y yo que pensaba que había quedado oculto detrás de las personalidades y la elocuencia de los demás, fui remarcado como el poseedor de una cualidad. Un alma. Aquello que nunca tuve, al igual que un animal.

Por que otros no hicieron algo, más allá de mi voluntad, yo no tenía alma. Por hacer algo que disfruto y deseo, hoy tengo una. Me parece justo. Acepto el trato con felicidad.

lunes, 29 de octubre de 2012

El origen de la sange

   Contamos nuestras historias en el frío balcón. Todos mentimos y ocultamos cosas, no se puede evitarlo, pero aún así fue lo más honesto que nos mostramos ante los demás. Posiblemente nunca volvamos a abrir nuestros pechos con tanta franqueza como en esa noche. De un momento a otro supimos de qué herida brotaba la sangre que veíamos caer. Las huellas rojas se mostraron hasta ese punto donde el corte se produjo y todos miramos el crimen suceder, una vez más, en silencio y sin poder intervenir. De repente nos conocimos. Los pocos meses de conocernos se convirtieron en una vida, al oír las historias de nuestras vidas antes de conocernos. Finalmente nos entendimos y fuimos uno. Eventualmente el alcohol y el cansancio nos dispersó por el departamento y dormimos con el amanecer empujando las cortinas.
   Desperté a la tarde siguiente y la mayoría ya se habían ido. Solo quedaban dos cuerpos enlazados, que me vi forzado a despegar, para que me dejaran salir. Dos días después nos encontramos de vuelta y nuestras palabras estaban encerradas de nuevo. Todo lo que se dijo estaba dicho y se sabía, pero estaba claro que conocernos no haría que actuáramos como si supiéramos más que antes. Volvimos a ser desconocidos y a observarnos de lejos. Y de lejos nos miramos, desnudos, sin ya nada que podamos ocultar.

martes, 16 de octubre de 2012

Carta de amor

Te vi y odié que no estuvieses sufriendo. Me parecía lo justo; que sufrieses por lo que sufrí yo, que tu vida perdiese sentido y sintieses que nunca ibas a poder estar mejor de lo que estabas conmigo. Agotado de desearte el bien, quise que lloraras lagos y te ahogaras lentamente en ellos, sin nunca morir y sin nunca salir a flote.
Nos encontramos y mi deseo de verte en una agonía como la mía no se cumplió. Estabas bailando y riendo, en lugar de desmoronarte. Y ahí lo noté: yo también bailaba y reía. Estabas a pocos metros y no llorabas y a mí no me importaba. Sí sufrías tanto como yo, pero yo ya no sufría. Y me pareció justo. Y me parece justo, que yo ya no sufra, como vos.

domingo, 14 de octubre de 2012

Monedas y fantasmas.

   No todos pueden verlos, pero existen espíritus y fantasmas, rondando en las calles a nuestro alrededor. Algunos los perciben, tal vez escuchan sus lejanos susurros, pidiendo ayuda, pero intentan seguir su camino como si no lo hubieran notado. Es más fácil vivir sin creer, aunque eso implique desconfiar de nuestros propios ojos.
   Los espíritus y los fantasmas no son lo mismo; yo los he visto.  La mujer de la iglesia es un espíritu. Cuando el Sol desaparece, se la puede ver: Un pañuelo en la cabeza, una pollera larga y pesada y un abrigo largo. Siempre es la misma ropa, sin importar el clima. Su figura, de pié, siempre de pie, pareciera carecer de colores, como una foto en sepia. A su lado, o abrazado fuertemente entre sus brazos, tiene un gran bolso. Ella siempre está parada y, en la mayoría de los casos, estática. A veces se la ve vagar, pero por mucho que camine, siempre esta a pocos metros de la iglesia, que la ata de alguna manera. Ella es un espíritu. Simplemente está atrapada en un lugar del que no sabe salir, mientras la gente camina frente a ella, sin notarla. Con pañuelo, su bolso y siempre de pié.
   Los fantasmas, por otra parte, desean atravesar la barrera. Recientemente fui atacado por uno, puesto que ellos saben cuando alguien los percibe. Caminaba hacia mi hogar, después del anochecer, cuando un espectro se atravesó en mi paso y tomó firmemente mi mano. No pude evitar sentir un estremecimiento en todo mi cuerpo mientras esto sucedía y su voz perdida murmuraba un pedido de ayuda. Miré alrededor, pero la gente parecía no ver lo que sucedía. Su voz seguía repitiendo su reclamo. Asustado liberé mi mano de un tirón y me alejé intentando disculparme. El eco de su pedido de ayuda siguió retumbando y sentí su presencia en mi sombra por el resto del camino.
   Los espíritus y fantasmas están. Yo los veo. Por las calles, son niños y adultos con labios que se mueven y no emiten sonidos. Hombres y mujeres con ojos que se clavan, porque saben que son vistos. Yo los veo y no soy el único. Y yo también finjo no escuchar sus aullidos por auxilio.

sábado, 6 de octubre de 2012

Figuras poéticas y gritos de guerra. Arañazos en espaldas mojadas de lágrimas ajenas. Gente que escapa, como yo, en fantasías que no son propias y cierra los ojos con fuerza cuando su reflejo se proyecta en la pantalla al frente de él. Cuchillos que no son afilados, porque así nos recuerdan cómo es la vida, en cada corte que no es. Tu boca cerca de la mía, cuando no sé quién sos vos.
Fotos y silencios. Espaldas encorvadas. Personas envueltas en sus pasados, sin querer escapar de ellos. Cuchillos afilados, cerca de tu boca, para cambiarla, para ya no saber quién sos.

3

Clavo a clavo, armo la caja que me aísla de la vida. Ajusto las tablas para que no entre luz ni ruido y, sin darme cuenta, me dejo sin aire hasta el asfixio.



Esto no es un cuento, ni una poesía. Las épocas en donde escribir era pintar con palabras me han abandonado. Ahora el papel solo seca lágrimas y ahoga gritos. Ya no sé hacer más que repetir mi dolor a través de las teclas de mi computador.



Ya no sé distinguir si soy feliz o no. Sé que tengo razones para serlo, pero siempre tuve la capacidad de encontrar razones para sufrir (muchas de las cuales son siempre las mismas, que no me abandonan). También tengo motivos para estar triste, pero me encuentro a mí mismo sonriendo. ¿Será que me acostumbré tanto a la depresión, que me olvido de que está ahí? ¿O será que encontré lo que necesito para ser feliz y no es lo que me pone triste no tener? ¿Estaré tan mal? ¿O tan poco mal? ¿Por qué necesito saber cómo y no, simplemente, estoy?

sábado, 5 de mayo de 2012

Etapas

Mi juventud es la reminiscencia vacía de un adolescente intelectualoide, que era todo aquello que carezco hoy día. Temo que estas ausencias se asienten, marcando el resto de mis días como los de una persona con la que no me identifico y a quien no respeto, pero nada me sabe más a tragedia que el concepto de querer volver. Me encuentro, entonces, atrapado entre un pasado de sufrimiento, en el que me convertía en el joven que quería ser, y un futuro de una apacible ignorancia, empujada por el joven en el que sí me convertí. Un niño triste y cultivado, un joven vacuo y alegre y un adulto que temo construir.

jueves, 22 de marzo de 2012

Aprisionarme.

Me encuentro en un lugar de la vida donde el único alivio que puedo encontrar está en el escribir. Las acciones ya no me suceden y el movimiento me escapa. El pensamiento es equívoco y fugaz; tiene poderosas maniobras para evadirme y dejarme a la deriva. Así, postrado en mi búsqueda del no estatismo, lo único que me arranca de este lugar en el sillón, que se vuelve más y más profundo, descomponiéndome hasta volverme otro cojín, es llenar el vacío de la hoja limpia.
Con el poco esfuerzo que mi cuerpo se ofrece a dar, arrastro la computadora hasta mi falda y espero que el claqueteo de las teclas me despierte. Furioso presiono los trozos de plástico como si la fuerza de mis dedos sobre ellos fuera a hacer que mis palabras resuenen más fuertes y, aturdido, escape de este lugar. Pero el peso no se quita de mi cuerpo, si no de mi mente, que penetra las páginas que se van llenando de tinta falsa y abandona mi ser, para creer que no está aquí, que no siente lo que siente, que el peso de mi alma recae en lo físico y que lo físico es volátil y temporal. Siempre esperé que todo fuera temporal, pero la espera no hace más que prolongar las cosas.
Ahora mi cuerpo nota que mi mente vuela y anhela poder seguirla. Y mira la puerta, mira la hoja, mira el balcón y se pregunta cuál salida puede llevarlo más lejos. Mi cuerpo sufre, no por ser prisionero, si no por ser la cárcel que impide estallar a mi ser. Y mi ser llora, porque estalla, pero no lo suficiente para abrir mi pecho y diluirse en el aire y perderse y transformarse.
Y pongo un punto y mi mente vuelve. Y mi cuerpo gime. Y mi alma pide. Y yo no respondo. Solo escribo.

lunes, 12 de marzo de 2012

La teoría del anti vegetarianismo

Últimamente tiendo al vegetarianismo cada vez más y más. Desde ya hace unos años cada vez como menos carne y la idea de hacerlo me comenzó a desagradar de a poco. Si bien de vez en cuando consumo carnes, pollo o pescado, lo evito siempre que puedo.
Hoy, a las sobras de mi cena vegetariana de anoche, se sumó media lata de atún. Pero sin embargo no fue el estar comienzo este pez fue lo que me impresionó, si no el tomate, cuya piel se le estaba despegando, bajo los efectos del calor. Piel. El tomate tiene piel. Esta idea me produjo un asco que me vi obligado a diluir en un bocado de atún, que triturado no aparente provenir de un ser vivo. Así terminé sumido en una meditación que terminó en una extraña teoría que, si bien es solo resultado de un juego mental nada profundo, me resultó incomodantemente creíble. Procedo a desarrolarla:
El "objetivo" de todo ser vivo no es más ni menos que la procreación. Nacer, multiplicarse y morir. La subsistencia de la especie es el fin último y cada ser vivo hará todo para asegurarla. Los salmones nadarán contra corriente hasta su propia muerte, con tal de lograr dejar huevos fertilizados con nuevas generaciones y las plantas tentarán con néctar y frutos a animales e insectos, para ser devoradas y así conseguir ser polinizadas y luego esparcir  sus semillas. Ser comido o muerto es un sacrificio menor, con tal de que esto asegure la multiplicación y permanencia de la especie. Entonces ¿ser criados o cultivados en granjas para alimentar humanos no es, de alguna forma, una victoria? Cada planta y animal que crece en estos ambientes controlados da su vida asegurando que va a haber una nueva generación después de ellos, que no serán los últimos, que la especie continuará existiendo. ¿Son víctimas entonces? ¿O, al contrario, lograron un estado supremo de subsistencia, donde ni siquiera deben pelear para lograr su cometido? Nacer, crecer, multiplicarse, morir. Nacer, morir, multiplicarse. Multiplicarse. Permanecer. Existir.

miércoles, 18 de enero de 2012

Entumecido.

Este es el personaje que nunca consiguió amor. Aquel que actúa como que no lo necesita ni desea y que está bien así. Y es cierto.
Pero es mentira. El amor no es fantasía ni mal gusto ni decisiones personales. No es más que el sexo, el hambre o el frío. Y cada quien puede decorarlo de romanticismo, escepticismo, lujuria o vanidad. Pero está. Y está la gente que  no coge, y siente que es lo correcto. Y están aquellos que no sufren el frío, como los que sienten que el amor sobra. Pero está. Y es humano y es animal. Y es naturaleza diluida en cultura, nada más.
Y tenemos un personaje que miente para mentirse solo. Que no es de los muchos que consiguen el amor ni de los pocos que no creen en él. Si no uno más que no lo encuentran. Que no es de los muchos que tienen sexo, ni de los pocos que no les importa. Si no, de los todos que esperan. Y esa es su marca. Su diluida realidad. Esperar.
Y este personaje nunca consiguió amor del que cree necesitar. Y vive bien sin él y no lo necesita. Pero la ausencia está y el hambre se siente y el frío congela la piel de todos y la anestesia no cura, solo entumece. Y esa es su vida.
Entumecido vacío, que es por su ausencia. Y es una mentira que nadie cree, pero todos repiten. Y es una vida de llantos tragados, tan profundos que dejan de ser, pero los surcos dejados por sus aguas, nunca se irán.

viernes, 6 de enero de 2012

Mi llanto

Recuerdo haber llorado. Llorar en el supermercado, subido todavía en la silla del changuito, angustiado porque me habían quitado mi paquete de galletas para dárselo a la cajera. No lloraba seguido.
Recuerdo llorar en la escuela primaria. En cuarto o quinto grado. Por alguna razón la vice-directora nos daba una charla y un testimonio mío quedó inconcluso, atragantado por un llanto que no había imaginado que estaba atrapado. En ese momento "ñoño" era palabra suficiente para romper mi corazón.
Recuerdo aguantar el llanto en tercer año del secundario, luego de que en un conflicto todo el curso se volviera en mi contra. Me odiaban porque yo los rechacé (y no me arrepiento, me alegro) y de a poco quedé rodeado de gente que me resentía en una época en la que mi vida cambiaba drásticamente.
Luego fue el olvido. El entumecimiento. Más tarde, la ilusión. Tomo que me subieran a las más altas ilusiones para que la caída fuera suficientemente fuerte.
La adolescencia me envolvió en un remolino de lágrimas a oscuras y ese dolor en el estomago por primera vez. El vacío que marcaría mi vida desde entonces y juraría no irse. Pero él también se fue, como tantos otros. Cada vez el dolor fue menos y el llanto ocupó menos lugar. Hasta que desapareció, dejando una carcasa seca.
Fui un cuenco vacío, cuando ya no hubo más lágrimas.
Fui un ser libre, cuando descubrí que podía llenarme de más que dolor.
Me vi disfrutando sin llanto (más que alguna lágrima obligada perdida en la ducha).
Y luego, todo volvió.
Ya no hay galletitas, ni alguien por quién llorar. Ya no me importan los otros lo suficiente para otorgarles mi dolor. Ya no soy un adolescente. Pero las lágrimas aquí están.
Recuerdo haber llorado (y todavía no he limpiado mis ojos), sin razón más que la mera necesidad.
La vida se acaba y no así mis lágrimas.
Las lágrimas salen sin ser llamadas.
Recuerdo haber llorado.
Recuerdo y lloro.

martes, 9 de noviembre de 2010

Perdido

De repente me recordé. Aquel de hace tanto tiempo. El yo. Él. Como cuando uno encuentra algo que no recordaba haber tenido, haber perdido.Cuando uno pierde algo, pero no sabe en qué momento, hace cuánto.
Recordé el cansarme de ser yo y, finalmente, decidir dejar de serlo. Determinar que pensar no es bueno, que ser tímido no es bueno, que ser callado no es bueno, que sentirse solo no es bueno, que ser yo no es bueno.
¿Quién sabe cuándo me hice caso y me abandoné? Tan solo me dejé ir.
Me pregunto dónde estoy. Yo aquí, con una vida y yo ¿dónde?. Yo, él, el yo, no yo, yo, ¿dónde? ¿Dónde?
¿Estaré aún en Córdoba? Tal vez pensando, todo, tanto. Pensando como yo ya no soy capaz de hacer, porque ya no soy él, yo. A lo mejor finalmente llegué a Europa. Las dificultades eventualmente no fueron suficientes para detenerme. ¿Él pertenecerá a Europa como yo? ¿O solo cumplirá mi sueño de conocer, viajar, para regresar satisfecho? ¿Cómo habrá sido para mí crecer sin ser como soy yo? ¿Hablaré con mis padres las cosas que yo no hablo? ¿Hablaré las que yo sí? Posiblemente siga viviendo cerca y estando lejos.
Deja un vacío, una sensación de desconcierto, el no saber cuándo te separaste de algo. El no saber qué fue de él.
Me gustaría recibir una carta, una llamada, tal vez, solo para saber qué fue de mí. Escuchar mi voz. Me escribiría, me llamaría, pero fue él el que se quedó con el valor para enfrentarse a si mismo. Me gustaría recordar nuestra separación. Tal vez así podría recordar con qué me quedé yo.

martes, 7 de septiembre de 2010

El edificio

Perdón pero... ¿qué "cosa" es así? ¿"Así" cómo?

Ella se ríe antes de bajar del ascensor, dejándome con el trabajo de cerrar las puertas y apurando su taconeo hacia el encargado del edificio. La viuda del quinto, le dice él, las veces que me habla cuando yo intento concentrarme en esperar a que baje el ascensor. Pero no al frente de ella. Cuando el habla a ella le dice Señora nosecuánto.
Se subió al ascensor en el quinto, dos pisos más abajo que yo, y empezó a hablar como si yo no estuviera demasiado ocupado como para oírla. Todavía miraba la manija de la puerta cuando, llegando a la planta baja, me dijo "Así es la cosa", luego de un suspiro forzado. Y se bajó.
¿En qué parte de su conversación solitaria me explicó sobre esta "cosa", sobre este "así"? Tal vez debería de haber prestado más atención. Si me habló sobre eso, ¿significa que me involucra, que es importante que lo sepa?.
La mujer le habla al encargado muy de cerca. A él no parece molestarle la vista directa a su escote. Siempre hablan de cerca. Siempre le mira el escote. Siempre tiene escote puesto. Apuesto a que él sabe sobre esa cosa, siempre están hablando, de eso deben estar hablando ahora. Ella sale por la puerta principal del edificio antes de que yo llegue a acercarme. Decido preguntarle al portero, cuyo nombre nunca supe en los 4 años que vivo en este edificio. Lo veo preparar los labios y diálogos vacíos, cuando me ve acercarme.

Paró de llover, nomás, ¿no?
¿Cómo es la cosa?

Me mira. Parece confundido, tal vez.

¿Cómo dice?
Que cómo es la cosa...
¿Qué cosa?
La viuda del quinto. La cosa. Vos... Usted, usted sabe. Ella me dijo cómo era. Me dijo que era "así". La cosa.

Su cara se pone roja y comienza a peinarse el bigote con los dedos. No se detiene.

¿Cómo es? La cosa.

Sigue peinando su bigote. Y el bigote sigue inprolijo y despeinado. Color negro desteñido.

Por favor, muchacho. Usted sabe que yo soy casado...

No. No lo sabía.

...Pero estoy todo el día acá, ¿vio? Trabajando. Y la señora es viuda, pobre. Se siente sola, pobre. Pobre.
Pobre.

Repito.

Pobre.

Repite y se peina el bigote.

Por favor, no vaya a decir nada. Mi mujer... Mi mujer... pobre.
Pobre.
Y la nena, pobre la nena...
Pobre.
Por favor.

Lo miro. Le sonrío y me retiro.
Me peino el bigote que no tengo y salgo del edificio. Tal vez no importa si no sé cómo es. "Así" es.

martes, 31 de agosto de 2010

Silencios del pasado

Tengo tantos gritos encerrados en el pecho,
que temo, es tarde,
y sin importar si dedico mi vida a aullarlos,
jamás los lograré liberar.
Siempre habrá un grito más.

domingo, 27 de junio de 2010

Remolino de papel, que cruje, borbotea, mientras me hundo en él.
Uñas tintas se clavan en vano, sin dejar siquiera su marca.
Vacíos rojos de silencio. Rojos de errores. Rojos de margenes agobiados.
Plumas vacías, rasguños mínimos y puntuaciones azarosas.
Sonido a música que terminó hace mucho tiempo.
Sabor a caldo y supersticiones.

sábado, 22 de mayo de 2010

Carnaval

La oportunidad se presentó ante mí.
-Redoble de tambores-
Los meses escapaban de mis manos, mientras la esperaba.

La oportunidad se presentó, finalmente, ante mí.
-Redoble-
Me abalancé sobre ella y no le dí oportunidad de escapar.
Días de colores saturados se escurrieron entre mis dedos.

Finalmente la oportunidad se presentó, cómo tanto lo había deseado.
No di tiempo a los tambores y fui vorágine, envolviéndola.
Todo se tiñó de luces de carnaval, llenando mis ojos.
Pero todavía encandilados, decidí que no era bueno.
Y quise apartar la mirada y mis ojos enceguecieron.
Y ahora todo es negro, mientras las ultimas horas caen.
Y cada vez que mis párpados se cierran sufro, porque a lo lejos esas luces de nuevo veo.

Horas

El tiempo siguió pasando, a pesar de mí.
Me pregunto qué cambió y no se si jugar a que fue mucho o poco.
La única constante es que todo se ve lejano. Siempre lo hizo.
Los silencios redundan alrededor y solo ahora me doy cuenta que yo los elegí.
Sus suaves palabras se desmoronan ante mí, insuficientes para llenar el lugar de una mentira.
La mentira sigue.
El tiempo cambia.
Y yo me dejo atrapar entre ambos, sin decir mi propia palabra.

domingo, 16 de mayo de 2010

Tu boca no sabe a nuevo,
no sabe a canela ni emoción.
Tus labios conocidos son cálidos,
conocidos y apagados,
conocidos, recurrentes, cómodos, desabridos.
Tu piel me calza a la perfección,
es suave, salada, complementaria.
Pero no es nueva.
Tus manos, pequeñas, me conocen
y están bien así,
en sus lugares de siempre.
Y se siente bien,
se siente muy bien,
pero exploto
y no es nuevo.
Y es cómodo
y lo quiero.
Pero no.
Tu boca vuelve por más,
yo la llamo,
y la espero,
siempre la espero,
y la extraño
y la pienso.
Pero nunca fue nuevo.

Sangrearena

¿Fui yo el Mateo de mi conjuro?
¿Juré por mi vida para olvidar un rostro?
El silencio que se enrosca en mis entrañas
y drena mi pecho por dentro
y luego explota
para entonces no sentir nada.
¿Quién prometió por mí
que sería roca y arena,
ante las palabras de cualquier boca
cargada de miel?
¿Quién decidió que no necesitaba
sangre para vivir,
que necesitaba no sangrar
para no morir?

miércoles, 5 de mayo de 2010

La sangre del pincel sobre mi pecho.
El polvillo de sus mentiras bajo mis pies descalzos.
Sigo un juego al que yo le pongo las reglas.
Y aún así pierdo en cada partida.
Tus retratos son dolores.
Mis dibujos ilusiones vacias.
Tu sangre de carbonilla y sal
La mía
La mía está perdida.

martes, 30 de marzo de 2010

Recuerdo un café.
Estábamos solos, no sé porque, estábamos solos.
Él tomó café, yo, no recuerdo. En una esquina.
No sé porque. Lo recuerdo.
Eramos casi desconocidos. Siempre lo fuimos.
Él me habló. Yo habré respondido, tímido.
Me pregunto si alguna vez se habrá arrepentido.
Si le habrá importado.
Si lo habrá notado.
Si me habrá notado.
Solo tengo el recuerdo de ese momento.
Y no sé si es cierto.
Nosotros, solo filtrados a través de un único café.
Café solo.

martes, 16 de marzo de 2010

Rajadura

¿Cuantas veces me podré mentir solo?
La última y ultimaria mascara se derrumbó.
-La derrumbé-
El miedo de mostrar mi rostro una vez más.
¿Por qué me someto solo a esto?
No lo había planeado así.

Las mascaras van quedando chicas
Pero mi piel ya esta endurecida
-y preparada para lastimarse una vez más-
Desgarraré las mascaras que sean necesarias
hasta no necesitarlas más.

Me pregunto si alguna vez tendré que construir una nueva.
Nuevos alters.
Ahora estoy desnudo.

Es tu turno.

lunes, 15 de marzo de 2010

Nieve.

El ruido en la cocina me sacudió de mi silla. La heladera era vieja, más vieja que yo, y había que descongelarla cada tanto. Por supuesto yo lo hacía menos seguido de lo debido. Después de haber sido dada como regalo de bodas a mis padres y muchos años después, ya pasados sus mejores momentos, sustituida por un modelo nuevo y con freezer, terminó como MI primer heladera (por segunda vez), en mi departamento de estudiante.
Ahora, puertas abiertas y algo torcida, intentando inútilmente que el agua se fuera por el desagüe en el piso, la heladera se descongelaba lentamente.
Cuando escuché el ruido, y después de un pequeño sobresalto, la sola idea de un trozo de hielo suelto en el piso de mi cocina bastó para impulsarme del asiento hasta encontrarme, de cuclillas y sonriendo, frente a una pequeña pila de escarcha y unos trozos de hielo. Inclusive a mi me sorprende que a esta edad esas cosas me entretengan de tal manera, pero ahí mismo, frente a la heladera me quedé agachado jugando con el granizo.
Mi propia tos me despertó. No se cuanto tiempo habré estado tirado en ese charco de agua helada.
Supongo que debí de imaginar que, si ya había caído hielo, caería más. Igual ¿quién se hubiera pensado que sería tanto?. No pude verlo, pero tuve tiempo para imaginármelo perfectamente; El gran trozo de hielo, transparente, tiñéndose de rojo a medida que entraba a mi cabeza. Una vez más me lamenté por no tener una cámara de fotos. Lo imaginaba de un color hermoso. Intenté quitarlo, por supuesto, pero moverlo me causaba un dolor paralizante. Mi cuerpo estaba entumecido y no me podía mover mucho. No sentía demasiado frío. Tenía hambre, pero siempre tengo hambre. Mi mejor amigo se reiría y haría algún comentario sobre eso. Pensé en pedir ayuda, pero no sé si no pude hablar o no lo intenté. Me acomodé un poco y me quede observando y moldeando un poco de escarcha teñida de rosa. Al lado mio el agua seguía goteando y yo sabía que era cuestión de tiempo para que el hielo en mi cráneo se diluyera, dejando una gran abertura. Pensé en que una amiga se iba a enojar conmigo. Hacia meses que le había prometido cocinarle al día siguiente. Ella hasta había comprado los ingredientes.
Era todavía verano y yo no tenía una remera puesta, pero lo último que hice fue jugar con nieve. La heladera, vieja, y yo nos descongelamos juntos.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Él estaba solo y tenía cosas que hacer.
Cada tanto, asomado desde el alto balcón, se preguntaba si eran ciertas sus ideas de saltar.
Disfrutaba pensar, sosteniendo una taza de café cerca de sus labios.
No podía evitar verse desde afuera, como una foto en la mente de un extraño que lo vio al pasar.
Estaba cansado de que los demás esperasen cosas de él.
Nunca supo lo que es esperar algo de uno mismo.


Un lápiz decide cómo será mi perfil, en una hoja borroneada.
Así me veo, un dibujo hecho por mi mismo que elige cómo mostrarme. Por fuera apariencias falaces, por dentro mentiras. Y en el medio; yo.
Cuando tus padres no están para vos, te ves obligado a madurar antes de tiempo.
Cuando están ahí. Pero no podés contar con ellos. No querés.

Ahora quiero reencontrarme con esa etapa perdida. Buscar mi niño, cuando estoy camino a la adultez.
El timing nunca fue lo mío.

¿Cómo pasar de etapa, si no terminé las anteriores?
¿Qué sucede si al romper esta barrera, el pasado se inunda, volviéndose inalcanzable.



Sentarme en el piso a dibujar, porque no tengo nada mejor en que ocuparme.
Aburrirme, sin ninguna culpa.
Juntarme con mis amigos a la tarde. Sin tener nada más que hacer.
Hacer alguna actividad, porque tengo ganas. Solo eso.

Mirar el futuro y pensar en todo lo que quiero hacer. Teniendo suficiente tiempo todavía.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Tiempo de uñas rotas,
dígitos de sangre,
y algo nuevo
a lo que llamar
"tu olor".
Iluso
pensé que era arcilla.
Que de a poco era moldeado
con cada vez más.
Así, creciendo
y definiéndose
mis lineas.
Inocente creencia
de que el espacio se acomodaba
a mi alrededor
Y no que mi cuerpo
se amolda al aire
que, suavemente es calado
y desgastado por aquella cuña.
Inocente pensar
que era vacío, aquello
que me rodea.
Acomodándose donde yo no estoy.
Mi ser se exprime
en los rincones abandonados
Lijados
Tallados
Creyendo que es él
quién configura su exterior.
Hasta que el aire
Cansado aire
decida no ceder más.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Me acosa el crujir de una escalera
Las sombras no me dicen nada
Pero se que está allí.

Mi rostro encandilado
Espera una respuesta
Que se pierde
Junto a las que quise que sean fantasía.
El terciopelo respira entre mis dedos.
No puedo evitarlo
Es lo único que me dice que todavía esta allí.
Y me deja saber que estoy aquí.
Siento su sangre colisionar con la mía
Y entrar bajo mis uñas de nuevo
Llenando mi pecho
de lo que ahora somos los dos.

martes, 20 de octubre de 2009

Mi lugar.

Estoy en la ciudad de los edificios altos
De los ruidos rotos
La soledad nunca es cierta
Pero está
Y las ventanas nunca son suficientes
Y el sol que entra siempre esta de más
Las manos, desconocidas, se rozan
Pero el miedo está
Estoy en la ciudad de las miradas perdidas
De las voces al aire
Y en el medio, yo.

jueves, 8 de octubre de 2009

Amigo.

Sus manos
tan concientes
aunque no lo quieran
tan concientes.
Sus uñas
en mi carne
lloran mi sangre.
Pero no la dejan de lastimar.
Cierra los ojos
-tu los cierras-
pero su boca se abre.
Y me traga.
Me mastica.
Una vez más.
-Ultima vez-

Tus dientes
afilados
sobre mi
Son tu despedida.

domingo, 30 de agosto de 2009

Destino.

Me pregunto si el destino cree en nosotros.
Si se detiene, de vez en cuando, a pensar si cuando hace algo, en algún lado, hay alguien a quien le esta cambiando (o no) la vida.
Si cuando decide que algo sera de una manera determinada, siente que esta afectando a alguien.
Me pregunto cómo se dice a sí mismo que no es así. Me pregunto cómo, muy en el fondo, espera que si lo sea.

sábado, 29 de agosto de 2009

Merienda

La insulsa masa se deshace en mi boca, llenando cada rincón. Nunca entendí porque mi madre se empecina en comprar esas insípidas vainillas y menos aun que llenara mi alacena de ellas, en cada visita.
De niño siempre fui de los sabores intensos. Menta. Limón. Chocolate. Ahora, de mayor, le sumo gustos más complejos.
Mi madre es una mujer vainilla. Y quisiera que yo tuviera una vida vainilla. Simple. Sutil. Pasable.
Atiborra mis estantes con sus deseos insatisfechos para mí, llena de falsas esperanzas. Yo la dejo. Pues sus deseos quedarán ahí, sin llegar a nada importante. Y, cada tanto, servirán para llenar mi vacío y calmar su hambre.

jueves, 27 de agosto de 2009

Depredador

Se marchó dejando una marca de mordida a cada lado de mi cuello.

Mi cuerpo se sacude, ansioso, al preguntarme cuando volverá a devorar el resto.

martes, 25 de agosto de 2009

Circulos abiertos, espejos rotos.

Ya no confío en mi. Claro, ¿cómo hacerlo?.
me encierro en círculos viciosos, dudando de cada duda anterior.


Nuevo plan (reciclado, para ser honestos): Sentir más y pensar menos.
Ya pasé por eso. Lo deje atrás por alguna razón que no recuerdo. Supongo que es cuestión de tiempo para que me de cuenta -otra vez- de porqué decidí que era mejor abandonarlo.

Mientras tanto me entrego a su carisma.
Hasta que me de cuenta de que es lo que quiero.oreiuq ol on euq ed atneuc ed em euq atsaH

lunes, 17 de agosto de 2009

Op. Cit.

Soñé con cine y amor.
Soñé con besos y llantos.
Soñé con alguien para mi.
Me atiborro de dulces para enterrar la angustia de esos deseos.
Me doy nauseas al ver lo que escribo.

El azúcar, aspera, raspa mi garganta.
Tengo miedo, pero no se de qué.
Tengo miedo a sentir.
Pánico a no hacerlo.
Temo sufrir.
Acabo haciéndolo, de todas formas.
Temo lastimarle.
Y así será.

Me doy nauseas al ver lo que escribo.


Sus mentiras dulces filtraron lo que quedaba en mi, dejándome vacío. Solo me quedan nuevas mentiras cubiertas en miel, esperando que alguien nuevo las venga a recoger. Así,en sus labios, sentir el dulce otra vez. (Hasta vaciarlo también).

martes, 14 de julio de 2009

XIV (Tragando palabras)

El ciclo amenaza a repetirse.
No es momento de adelantarme a los hechos. Pero nunca fui una persona oportuna.
Debería de dormir. Tengo traumas mas frescos que resolver por la mañana. Pero la melancolía me ataca mejor por las noches. La música no ayuda.
El silencio me recuerda la realidad. No tan brillante como en mi monitor de pocas pulgadas.
Debería dormir.
Tengo que prepararme para hacer los preparativos. El ciclo se quiere repetir, y yo le doy lugar, cada vez menos frecuentemente. Han pasado 5 meses y pocas hojas escritas. ¿Cuánto más podré estirar el próximo?
Los silencios no tienen cabida en el papel (ni en mi teclado). Pero mi falta de respuestas, no deja interrogante sin contestar.

Extraño.
No extraño.

No quiero extrañar.

Deuda.

Fin.
Y nada sucedió.
Decidí que ya había desperdiciado sal en llorar demasiadas veces antes. Que no volvería a detenerme a sentir esos abrazos faltantes. Y conté lo nuestro, cómo acabo, a todos aquellos a mi alrededor. Una y otra vez, hasta que la historia dejó de ser mía. Y te dejé salir junto a la ultima sílaba, para que te perdieras en recuerdos ajenos.
No te dediqué ni una de las lágrimas que te merecías y te convertí en "uno más". No iba a volver a sufrir por lo que había sufrido tantas veces ya. Fuiste uno más.

Estas en tu derecho de hacerme lo que estas haciendo. Me acosa el frío de tus brazos que no están. El ruido retumba en el silencio que dejaste 8 meses atrás. Del que yo no me hice cargo entonces.
Todavía no se si fui cobarde o valiente al dejarte atrás tan facilmente, decidir no sufrir de nuevo. Pero quede en deuda con vos. O con esa parte de vos de la que no me pude liberar. Y ahora es tarde. Ya no queda sal para sacrificar.

jueves, 9 de julio de 2009

Antes me importaban las cosas. Me importaba la gente. Alguna gente, al menos.
Ahora, me importa, de nuevo, después de un gran periodo de sequedad. Tal vez no duro mucho, en comparación, pero fue infinitamente refrescante. Hasta adictivo, diría yo.
Una vez más, siento. Esa horrible y necesaria palabra. Es confuso, para mi mismo, sentir que quiero no sentir, sabiendo que no es lo mejor. Pero por una vez, fue lindo sentir no sentir. Por una vez seria lindo dejar de hacer lo mejor. A veces lo mejor no es lo mejor.
¿Por qué siento remordimientos de algo que me hizo bien? Y no los siento por aquello que debería. ¿Debería?



Lo veo. Del otro lado del celuloide. Se que esa imagen me engaña, en el fondo es él. ¿Seré el único que lo nota?. ¿Es una burla? ¿un acto sádico o piadoso hacia mi?. No necesito volver a sentir, a sentirlo.
Una vez más lo encuentro y fuerzo sus palabras. Él se deja. No se si lo hace apropósito. Siempre fue de los pocos que nunca logro descifrar. Se que en parte por eso me atrae tanto. Su inocencia me quema. Y yo no quito la mano del fuego. Sus palabras se moldean a mi deseo, convirtiéndose en eso que no quiero oír. Pero así las moldeo igual.


Un engranaje que se había detenido, ha vuelto a rodar.
Tic
Tac
Como hacerlo callar?

miércoles, 25 de febrero de 2009

Mi nombre es Alter.

La tercera será la vencida?
El Third Literario (yo tanto como el blog) es un comienzo en blanco. Un nuevo comienzo en blanco, que eventualmente, al igual que sus predecesores, perderá su virginal vacío para llenarse de las virutas de una personalidad propia. Virtual (ficticia, ilusoria) pero propia. -¿Y no deja de ser virtual, si es la personalidad propia de alguien?-
Esta es mi tercer personalidad. Así de horrible como suena. Así de sencillo. Así de tonto. Algunos ya entienden a lo que me refiero, otros jamás podrán hacerlo. La necesidad, en cierta forma, que algunos tuvimos de crearnos pequeños alter-egos para poder funcionar con nosotros mismos, sin dejar de funcionar con la sociedad. Y estos Alters, la mayoría de las veces se van diluyendo con el tiempo, unificándose, aceptándose. Muchas veces no se pierden del todo, y durante toda la vida, cada tanto las caretas salen de nuevo a la luz del Sol. Otras veces uno de los lados se pierde, en el tumulto, dejando a alguien sin medio ser.
Pero cada tanto los Alter toman vida propia. Negándose a abandonar a sus dueños luego de haber cumplido sus objetivos primarios, deciden vivir por sus propios objetivos. Por su propio deseo de vivir.
Así di vida a un tercer hijo, tercer hermano. En plena conciencia de mis acciones.
Tres veces yo. En pleno ejercicio.
Hoy, aquí, mi nombre es Alter, el Third.

Mannen Som Elsket Yngve

Cruel jugarreta (sisi, jugarreta) de dios -o quién sea- es la identificación.
Como si no fuera suficiente tener que haber vivido lo que uno vivió, como para después ver una película, identificarse con el actor y terminar reviviendo todo otra vez.


Y lo peor de todo es que, entre bajón y melancolía, lo disfruté. Maldita sea...

domingo, 22 de febrero de 2009

No-mail

Quiero escribir una carta.
ESCRIBIR una CARTA.
No tipear un email.
Algun voluntario para recibirla?


PD: Espero recordar como se hace.

Promesa y anís.

He de encontrar un lago
Me he prometido que ahí me besaran
Noche cálida y miel
sabor a anís
Respuestas pesadas
y razones ilusorias
Intentos vanos
de acuarelas
y sombras
Grises trazos
Asperos
al compás
del aroma a café.

XV (escupiendo palabras)

Mi bolso me espera en la oscuridad. Perdido.
Falta poco para mi escape. Escapo a una prisión, pero es mi prisión.
Mi bolso me espera, listo para huir. Es complicado meter una vida en tan pequeño lugar. Más complicado es darse cuenta de que las maletas no están hechas para llevar vidas, sino para abandonarlas.
Una sola alma me gustaría llevar conmigo. Pero las almas no están hechas para caber en ninguna maleta. Solo entra nostalgia. Y eso es bueno.
Siempre el frió me hizo volver a la realidad. 22:22hs. Estoy aquí. Por alguna razón la lejanía siempre se me hizo más cálida. Una pena.
Después de un año, el ciclo se cerro, tristemente, dejándome -ilusoriamente- igual que como empecé. Nada es lo mismo, ni remotamente parecido. Pero estoy en la misma situación. Da miedo, como en la primera vez.
Mi maleta me espera, en la oscuridad. ¿Perdida? jamas. Ella es la única que sabe donde voy.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Frustrado

Quiero escribir, y no me sale.
Pienso en mis amigos. En sus relaciones.
Pienso en mi. Y mis relaciones.
Mis frustraciones.
Tanto por hacer y tan poco tiempo para hacerlo. Odio esa frase.
No se si es por lo trillada. No se si es por lo mucho que me toca en este momento.
Tengo un mes -un maldito mes mutilado- para hacer las cosas de las que va a depender todo mi año. Cómo sera mi año, depende de que y como lleve este mes.
Hermosa presión para mi ultimo mes de vacaciones.
Pienso. Demasiado.
Mi frustración.
Para mi el 2009 empieza hoy. Y por alguna razón siento que este año se viene en serio.
El ´08 fue año de aprendizaje. Prueba y error. Ahora se acabo la practica. Es ganar o perder.
Miedo.
Cansancio.
Y ni siquiera empezó.
Ni siquiera empecé a vivir.

viernes, 16 de enero de 2009

Marshmallows

Veo mi limitada capacidad para escribir (de un tirón) sin repetir cincuenta veces cada palabra, como una prueba evidente de que mi cerebro se esta convirtiendo en malvavisco por falta de uso.
Me estoy volviendo estúpido. Y no hago nada al respecto.
Mmm... Malvaviscos...

Mi amigo.

Me pregunto que es eso que hace que uno se sienta afectado por las relaciones ajenas.
Un amigo, no tan amigo siquiera, termino con su pareja. No hace mucho que estaban, pero desde que los conoci eran novios. Por alguna extraña razon me afecto.
Perdido por el internet en su facebook (victima del que soy ahora) encuentro que en sus respectivos estados todavia aparecen como que mantienen una relación. Mientras tanto abro un link que me lleva a escuchar unos hermosos temas. Tal vez es la hora los que los hace tan hermosos, pero en este momento, para mi lo son. Hermoso y triste.
Termina una cancion y en los segundos de silencio hasta que comienze la siguiente, me siento vacio. Algo duele en el silencio.
Me maldigo al darme cuenta de que la musica no seguiria hasta que yo pasara a al siguiente cancion. Maldito programa. Maldito yo. Maldita metafora. Odio cuando la vida se transforma en una metafora de la vida, dandome mensajes cursis a mi mismo. Psicoanalisandome solo, cuando quiero disfruta mi ignorancia y mi insanidad.
Deberia estar durmiendo. Mañana tengo que madrugar. Pero temo que al sacarme los auriculares el silencio no sea silencio. Temo que mis pensamientos me lleven a lo obvio. Odio saber que en el segundo que quede solo con mis pensamientos, me voy a dar cuenta de que el problema con mi amigo es que ahora esta solo. Como yo.

martes, 13 de enero de 2009

El Third, No Tan Literario

Con tan solo tiempo de escribir un par de renglones, inauguró este extraño regalo a mí mismo.
Sentarme a escribir se me ha hecho una tarea complicada, por diversas razones. Pero en particular encuentro frustrante el no poder encontrarle un buen justificativo a lo que estoy escribiendo en el momento (cosa que no tendría que necesitar).
Por eso cree esto. No para ser un blogger más entre millones, ni para buscar fama, ni para publicar mis escritos ni siquiera. Si no para tener una excusa para escribir sin remordimiento alguno, vomitar sobre la hoja virtual palabra tras palabra sin detenerme a pensar si estoy creando, registrando, balbuceando, escribiendo ficción, lo que me paso en el día, lo que me paso por la cabeza, o lo que fuera.
En fin, quise darme un espacio de escritura libre, para dejar fluir mi mente lo más que pueda, donde pudiera hacer literatura libre de literatura. O algo así.